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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN

Junio 5 /2018

¿CÓMO ESTOY CUIDANDO MI VIÑA?

Jn 15, 1-8; Is 5, 1-7

 

Objetivos

Comprender quién es la vid verdadera para la persona, con la convicción y conciencia firmes que da la fe, conociendo el sentido bíblico de la viña y las aplicaciones prácticas para la vida.

Conocer la herramientas de cómo debo cuidar mi viña, en lo espiritual, en lo personal, en lo comunitario, es decir todo lo que concierne al ser humano.

Proclamar la Palabra de Dios: Jn 15, 1-8; Is 5, 1-7

Introducción

La lectura del Evangelio de Juan que se acaba de proclamar presenta una parte de la reflexión de Jesús sobre la parábola de la vid. Para entender todo el alcance de esta parábola, es importante estudiar bien las palabras que Jesús usó; también, es igualmente importante observar de cerca una vid o una planta para ver cómo crece y cómo se enlazan tronco y ramas, y cómo el fruto nace del tronco y de las ramas.

Del latín vinetum, un viñedo es un terreno plantado de vides. El término se utiliza como sinónimo de viña y está asociado a la producción de uvas y, por lo tanto, a la elaboración de vino.

El viñedo es una plantación extremadamente delicada ya que el elemento principal, los racimos de uvas, son muy frágiles a los diferentes fenómenos climáticos. ¿Así mismo nuestro viñedo es muy frágil? Revisemos: ¿A qué aspectos o factores soy frágil, que dañan o están dañando mi viñedo?

Miremos el contexto de las lecturas que se proclamaron:

Los capítulos del 15 al 17 del Evangelio de Juan nos presentan varias enseñanzas de Jesús, que el evangelista ha unido y colocado aquí en el contexto amistoso y fraterno del último encuentro de Jesús con sus discípulos: Jn 15,1-17: reflexiones en torno a la parábola de la vid Jn 15,18 a 16,4a: Consejos sobre la manera de comportarse cuando se nos persigue Jn 16,4b-15: promesa sobre la venida del Espíritu Santo Jn 16,16-33: reflexiones sobre la despedida y el retorno de Jesús
Jn 17,1-26: el Testamento de Jesús en forma de oración.

Juan 15,1-2: Jesús presenta la comparación de la vid. En el Antiguo Testamento, la imagen de la vid indicaba el pueblo de Israel (Is 5,1-2). El pueblo era como una vid que Dios plantó con mucho cariño en las costas de los montes de Palestina (Sal 80,9-12). Pero la vid no correspondió a lo que Dios esperaba. En vez de unos racimos de uva buena dio un fruto amargo que no servía para nada (Is 5,3-4). Jesús es la nueva vid, la Vid verdadera. En una única frase Él nos da toda la comparación. Él dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto". La poda es dura, pero es necesaria, purifica la vid, para que crezca y produzca más frutos.

Desarrollo

El tema que nos atañe en este momento “Cómo estoy cuidando mi viña”se puede relacionar con ser “Templos del Espíritu Santo”. A través de las Sagradas Escrituras, son numerosos los pasajes que se refieren o se relacionan con ser estos Templos del Espíritu y la presencia real de la tercera persona de la Santísima Trinidad en nuestra vida.

El apóstol Pablo escribió, ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? ¡Habéis sido bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo. (1 Corintios 6:19-20).

Jesús reveló a sus discípulos la nueva función que el Espíritu Santo de verdad jugaría en sus vidas: "mora con vosotros, y estará en vosotros" (Juan 14:17).

El Espíritu Santo es el eje de la vida cristiana, se hace esta alusión muy ajustada, para unirla con nuestro tema central que es tener nuestro viñedo bien organizado, es decir: bien podado, ese dejarnos podar por el Espíritu Santo, ser testimonio de vida en todos los ámbitos que no movamos, no sólo en la comunidad parroquial o de oración y en general en nuestro entorno en nuestra cotidianidad.

La lectura bíblica del Evangelio de San Juan nos refleja que Jesús es la vid verdadera, en nuestra Iglesia Católica y en la historia de la cristiandad corresponde al tiempo litúrgico de la Pascua que anima a la fidelidad, a la perseverancia y a permanecer en Cristo.

Este Evangelio nos anima a crecer en la fe con una imagen agrícola. Por ello compara nuestra fe con el sarmiento porque si ésta no está unida a Jesús Resucitado, no daremos frutos porque el sarmiento da fruto cuando está unido a la vid. Para dar frutos debemos conocer a fondo la vida de Jesús, vivir lo más parecido a como Él vivió, dejarlo actuar en nuestra vida, dejarnos iluminar por el Espíritu Santo que será quién nos de fuerzas, energía para vivir en el camino que nos ha marcado.

Este tiempo de Pascua es especial para continuar con el proceso de conversión que se está llevando a cabo y que sucede segundo a segundo en nuestras vidas. Las dificultades para continuar en el caminar espiritual y en general en la vida siempre estarán presentes, por lo tanto, estamos llamados a continuar con la misión que se nos haya encomendadocon la fuerza y ayuda del Espíritu Santo en medio de las pruebas junto a la Iglesia.

Esto nos motiva como cristianos a vivir firmes en el conocimiento de Cristo, profundizando nuestra fe. El mencionado Evangelio de San Juan enfatiza lo anterior mediante el ejemplo de la vid, usado en la Escritura para simbolizar al pueblo de Israel y ahora empleado para indicar la identidad que existe entre Cristo, la Iglesia y los creyentes.

Él y quienes están unidos a Él forman ahora el nuevo Israel, donde la imagen de la vid nos ayuda a responder la pregunta sobre cómo puede perseverar el cristiano en el diario vivir, esto es permaneciendo en el amor de Cristo que le posibilita hacer las obras del Señor y vivir con alegría, paz y armonía. En este sentido, también nos damos cuenta y precisamos la manera como estoy cuidando mi viña y en qué estado la mantengo.

Jesús explica y aplica esta parábola. Los discípulos ya son puros. Ya fueron podados por la palabra que escucharon de Jesús. Hasta hoy, Dios hace la poda en nosotros por medio de su Palabra que nos llega por medio de la Biblia y de muchos otros medios. Jesús alarga la parábola y dice: "¡Yo soy la vid y vosotros los sarmientos!" No se trata de dos cosas distintas: de un lado la vid, de otro, los ramos.

Esto es, porque somos parte de Jesús. Jesús es el todo. Para que un ramo pueda producir frutos, debe estar unido a la vid. Sólo así consigue recibir la savia. "¡Sin mí, no podéis hacer nada!”, nos dice Jesús. Por esto, rama que no produce fruto es cortada, se seca y se le recoge para quemarlo, no sirve para nada ni siquiera para hacer leña.

Lo mismo sucede en la vida, como servidores, como padres, como hijos, como hermanos, etc., si no somos las ramas o sarmientos de la vid verdadera, si no nos dejamos moldear y no se está en compañía permanente de Jesús seremos infelices, seremos estériles y no se darán frutos.

Es por esto de la importancia de permanecer en el amor de Dios, nuestro modelo es aquello que Jesús mismo vive en su relación con el Padre, Él dice: "Como el Padre me amó, yo también os he amado. ¡Permaneced en mi Amor!" Insiste en decir que debemos permanecer en él y se permanece en Él permaneciendo en su Palabra. Y llega a decir: "¡Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis!" Pues lo que el padre más quiere es que nos volvamos discípulos y discípulas de Jesús y así demos mucho fruto y fruto que permanezca.

Se hace indispensable entonces la lectura de La Palabra diaria y la oración con ella. Ya lo decía san Jerónimo quien ignora las Escrituras está ignorando a Cristo

Jesús nos llama también hoy a un mayor amor, porque nos invita a una permanente conversión del corazón. Nos llama a una mayor unión con Él en su Iglesia, pues es allí donde lo encontramos, la unión con Cristo en su Iglesia es la condición esencial de nuestra vida como cristiano. Es Cristo quien nos confía la misión, una misión que, sin embargo, está coordinada dentro de la unidad de su Cuerpo mediante los Pastores de la Iglesia.

Conclusiones

Es importante que tengamos presente cómo es que debemos cuidar nuestra viña, qué herramientas tenemos para emplearlas en esta tarea, En este sentido, se debe empezar por saber qué es nuestra viña, cómo se relaciona con nuestra vida, qué significa para ella.

Así como un cultivo de uva y todos los cultivos en general se cuidan, nuestro cuerpo, nuestro actuar debe ser abonado, cuidado, como templos del Espíritu Santo que somos, teniendo conciencia de la gran responsabilidad que se tiene y no tomarlo como comúnmente se concibe como un privilegio.

En tiempo de Pascua y en general en todo instante, Cristo quiere que estemos unidos a Él, para que podamos seguir vivos y para que nuestro testimonio como cristianos sea verdadero.

Jesús es la vid y a través de Él, como la savia en el árbol hace llegar a los sarmientos el amor mismo de Dios, el Espíritu Santo. Es así: nosotros somos los sarmientos, y a través de esta parábola, Jesús nos quiere hacer entender la importancia de estar unidos con Él. Para realizar esto, debemos permanecer unidos a Cristo. Sus palabras son la base de nuestra eficacia: "Yo soy la vid.

Hemos escuchado la Buena Noticia de la salvación y la recibimos con alegría, produciendo frutos de justicia y santidad de vida. Pero es importante que la gracia de la fe se desarrolle en nosotros y en todos los creyentes con la ayuda de Dios y que conduzca a un conocimiento más profundo de la persona y del mensaje de nuestro Señor Jesucristo.

Por esta razón, se tiene la necesidad de una capacitación permanente, que es uno de los mayores requerimientos de la Iglesia en este momento. Es un gran reto para nosotros como católicos, que estamos llamados, individual y colectivamente, a hacer frente a este reto.

Los sarmientos no son autosuficientes, sino que dependen totalmente de la vid, en la cual se encuentra el manantial de la vida de ellos. Así es para nosotros los cristianos. Insertados con el bautismo en Cristo, hemos recibido de Él gratuitamente el don de la vida nueva y podemos quedarnos en comunión vital con Cristo. (Homilía de S.S. Francisco, 3 de mayo de 2015).

Otra parábola de la viña la encontramos en Isaías 5, 1-7, esta imagen es muy frecuente en las Sagradas Escrituras. Responde al contexto en el que se da, en esa parte del mundo y en aquella época, el vino constituía una parte importante de la vida de la gente. Por lo que, Jesús y los profetas utilizan el sembrado de uvas para el vino como el espacio propicio para que la gente comprenda mejor el mensaje (véanse además Isaías 27, 2, Jeremías 2, 21 y Juan 15 para la explicación de Jesús).

Taller

  1. ¿Cuáles son las podas o momentos difíciles que he pasado en mi vida y que me ayudarán a crecer?
  2. Lo que mantiene viva una planta capaz de dar frutos es la savia que la atraviesa, ¿Cuál es la savia que está presente en tu vida y la mantiene viva, capaz de dar frutos?
  3. Hacer el propósito de buscar unirme a Dios a lo largo de todos los días para que sea Él quien actúe a través de mí en cada uno de mis actos.

Bibliografía