Se ven tan brillantes sus picos más altos que cualquier mortal quisiera llegar hasta allá y desde allá contemplar la llanura y seguramente en profundo silencio, dar gracias a Dios. Eso es lo único que quisiera en estos momentos, con los ojos del Espíritu contemplarlo y darle gracias, darle gracias por su fidelidad, por su amor, por su entrega, por su Presencia en mi vida, la siento tan real que no me salen palabras, solo silencio y adoración.
Me pregunto si te has detenido a dar gracias en silencio, si has saboreado las delicias de la gratitud, si estás ascendiendo hasta las cumbres del Espíritu, cuanto quisiera poder subir más, ascender más, contemplar más, entrar y quedarme en su eternidad, soy consciente que no lo puedo hacer en mis fuerzas, que es un don del cielo el ascender, un don que lo da el Espíritu.
Hoy tenemos mil motivos para agradecer, para subir, para hacerlo desde la profundidad de nuestro corazón, producirá en nosotros una armonía interior tan especial que nadie nos podrá quitar la huella que deja su Presencia. Dejemos todo en éste momento y experimentemos el ascenso que se produce en nuestro mundo interior cuando nos dejamos embriagar por su Amor. No te detengas en ninguna vicisitud del camino, asciende hasta tocar su corazón, hasta quedar impregnado de una profunda paz interior, asciende, no te detengas, sigue ascendiendo sin mirar atrás. Bajarás de la montaña fortalecido desde tus entrañas y mirarás la vida de forma diferente, nada te quitará la paz, tendrás la certeza de ir caminando en su Presencia, esa Presencia indescriptible que llena y enamora.
Hoy vi caer una hoja amarilla en el caudal del río que baja de la sierra Nevada de Santa Marta, contemplándola ir al vaivén del agua, bordeando las piedras grandes y sobrepasando la multitud de piedras pequeñas iba tan libre, en un rumbo incierto, con torbellinos que la hacían danzar en una y otra dirección, pero siempre en la dirección que llevaba el agua cristalina que fluía suavemente.
Fue fantástico sentir que así como la hoja se dejaba llevar libremente por el agua, así mismo nos vemos cuando nos dejamos conducir por el Espíritu, caemos como fruto maduro, en su senda y nos empieza a llevar por rumbos desconocidos y a veces sorprendentes, caminos llenos de certeza y gracia.
Me pregunto en ésta hora de la historia personal, ¿que nos faltará para soltarnos mas en el Espíritu y dejarnos conducir como esa hoja llevada por el agua?, ¿que nos faltará aún para que el Espíritu Santo pueda hacer las obras que realmente quiere hacer por medio de nosotros?
Es muy posible que nos falte una oración más contemplativa o quizás mas tiempos de quietud para que Jesús por medio de su Espíritu nos hable al corazón, he experimentado que cuando aquieto mi cuerpo y dedico largos ratos a escudriñar la Palabra y luego un buen tiempo de soledad silenciosa y contemplativa, mis ideas se aclaran, empiezo a experimentar un amor tan grande de Dios por mi, que me quedo extasiada contemplando su corazón y escuchando en silencio, esas palabras dulces que emanan de trono glorioso, donde solamente hay cánticos celestiales y un clima de inmensa ternura.
Esos momentos tengo que lucharlos, porque hay tantas ocupaciones y tanto acelere en el mundo de hoy, que necesitamos sumergirnos cada día más, cuando no me sumerjo, quedo en la superficie y siento que pierdo el horizonte, que me desgasto en cosas que no me traen plenitud.
Tomemos decisiones acertadas, los mejores tiempos, son los tiempos con el Señor, los mejores tiempos son los tiempos de docilidad al Espíritu, los mejores tiempos son tiempos contemplativos, profundos y llenos de su gracia.
Busca los mejores tiempos en el Espíritu y déjate conducir por Él, déjate conducir al vaivén de su movimiento suave y delicado, como esa hoja que baja libre en el raudal del rio.
Fue increíble como resultamos los tres esquiando en la montaña, subimos muy temprano con nuestros atuendos para el frío, empezamos a ascender lentamente, a contemplar la naturaleza propia del páramo, y a entrever algunos arbustos pequeños al lado y lado del camino, la verdad es que no nos daban ganas de pronunciar palabra alguna, cada uno iba absorto en el paisaje, solo tomar algunas fotos para recordar la aventura de subir a la montaña y ver la belleza natural que estaba a pocos kilómetros de la ciudad. Ascendimos solo 2.500 metros y ya empezaba a verse el blanco brillante que cubría la cima, se tornó tan brillante con los rayos del sol que era un espectáculo totalmente maravilloso.
Estar en la montaña da la sensación de estar más cerca de Dios, el verla tan alta y tan bella invitaba a adorar, a hacer un silencio profundo que irrumpiera en el silencio de Dios. En el silencio hay presencia, en el silencio se puede contemplar de manera clara la pequeñez de la criatura humana y la grandeza de nuestro creador.
Celebramos la subida, la explicación dada por el profesor que nos enseñó el arte de esquiar y la práctica para hacerlo, no es fácil pero es divertido, máxime cuando se está sumergido en contemplar la grandeza de Dios.
Cantamos el cumpleaños de Mauri, oramos por bendición espiritual para su vida y agradecimos a Dios, habernos permitido ascender contemplando su obra. Grandes son las obras de Dios y grande su omnipotencia.
Cuando puedas subir a la montaña y desde allí contemplar silenciosamente la grandeza de Dios, bajarás con más regocijo a servir a los tuyos, bajarás con el alma henchida de amor y podrás avanzar con paso firme y con la mirada profunda en la eternidad.
Puedes subir a la montaña todos los días, cuando te sumerges en una oración contemplativa, cuando fijas la mirada en la profundidad de su mirada, cuando te postras ante Él y le adoras, puedes experimentar el mejor de los ascensos, el ascenso a las profundidades eternas y a las alturas misteriosas de su Reino. Los salmos te ayudarán a disponerte para ascender todos los días, cada palabra de las Escrituras te permite ascender cada vez más en la dirección del Espíritu y de ésta manera todo tu ser se vigoriza de una manera tan especial, que no te cansas nunca de contemplar esas delicias celestiales, al contrario, cada vez las buscas con más anhelo, con más ansias de eternidad.
Uno de los encargos más bellos del Señor a las familias, es que sean luz para los que viven en la casa y luz para todos los que le rodean. No falta saber grandes discursos o haber estudiado en la universidad para acoger ésta invitación que se nos hace desde el evangelio. Cada persona y cada familia deben, diariamente, acercarse a conocer las grandes maravillas que vivieron los profetas, los apóstoles y muchos elegidos del pueblo de Dios que levantaron su voz para pregonar el bien a todas las naciones.
A Jeremías le dice el Señor: “antes de darte la vida, ya te había yo escogido, antes de que nacieras, ya te había yo apartado, te había destinado a ser profeta de la naciones” Jeremías, temeroso, le contesta: ay! señor, yo soy muy joven y no se hablar, y le replica nuevamente el Señor: “no digas que eres muy joven, tu irás a donde yo te mande y dirás lo que yo te ordene, no tengas miedo de nadie, pues yo estaré contigo para protegerte, yo el señor doy mi palabra”…entonces el señor extendió la mano, le tocó los labios y le dijo: “ yo pongo mis palabras en tus labios”. “Hoy te doy plena autoridad sobre reinos y naciones para arrancar y derribar para destruir y demoler y también para construir y plantar”.(Jr 1,4-10)
Quizás estés diciendo tu, también, Señor yo no puedo o no tengo tiempo para evangelizar, no tengo tiempo para salir a ayudar a otros, para consolar o para apoyar a otras personas y seguramente Dios te dirá, como le ha dicho a todos los que quieren ser sus discípulos, que pondrá su Palabra en tu boca y que a través del Espíritu Santo te dará el discernimiento para decir o hacer lo que tienes que hacer y decir lo que tienes que decir en su nombre.
Muchos de nosotros empezamos tímidamente a anunciar las grandezas de Dios y poco a poco, Él mismo fue soltando el corazón y dando la palabra adecuada que debemos decir en cada circunstancia. Hoy en el mundo hay mucha necesidad de Jesús, mucha necesidad de dar a conocer sus enseñanzas sobre todo, con el testimonio de vida, hoy en el mundo la familia se está muriendo de sed de Dios, y necesita de un anuncio contundente, de un anuncio que salga de lo profundo del corazón.
Como buen cristiano, tendrás que tomar una decisión fundamental, dejamos que el mundo siga perdido entre tinieblas del mal o anunciamos con valentía el mensaje de Jesús, como lo anunció Pablo.
Pablo fue llamado a evangelizar a los gentiles, en tiempos de mucha dificultad, pasando por muchas dificultades, encarcelado, azotado, apaleado, tres veces apedreado, estuvo a punto de ahogarse tres veces, peligro de ríos, peligro de ladrones, peligros en el campo, en la ciudad, en el mar, entre los falsos hermanos.
El profeta de los gentiles, pasó muchas dificultades y noches sin dormir, sufrió hambre, sed, sufrió frío y falta de ropa, en Damasco fue arrestado, fue bajado en un canasto por una ventana de la muralla de la ciudad y así muchos otros sufrimientos, sin embargo fue escogido por el señor para hablar de Jesús a la gente de otras naciones, a sus reyes y también a los israelitas.
Pablo comienza a proclamar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios, y todos los que lo oían se quedaban asombrados y aunque algunos dudaban de él, les hablaba cada vez con más valor, demostrando que Jesús es el Mesías. Pablo, realiza la acción misionera más importante y lo hace con autoridad.
Pablo se siente siervo de Jesucristo, llamado y apartado para ser apóstol suyo, para anunciar su mensaje de salvación y no se avergûenza del mensaje del evangelio porque es Poder de Dios para que todos los que creen, alcancen la salvación.
Qué ejemplo tan maravilloso nos da Pablo, él fue lleno del Espíritu Santo y por eso pudo evangelizar con tanta fuerza. A partir del bautismo, tu tienes la primicia del Espíritu Santo, él te ayudará en el camino de evangelización, él te guiará y te indicará que decir y qué hacer en cada momento, basta que abras el corazón y te dispongas para que él pueda hacer la obra que quiere en ti.
Muchas familias te agradecerán por la palabra de consuelo que les llevas, muchas familias sonreirán nuevamente, muchos irán a los pies de Jesús por tu testimonio y tu acción misionera y el Padre que está en los cielos, te recompensará.
